Hugo no es quien crees

La pandemia no cambia demasiadas cosas para Hugo. Está acostumbrado a la soledad.
Su último novio también se cansó de él al poco tiempo.
Dicen que se entrega demasiado, demasiado pronto y demasiado entero, pero Hugo no entiende el amor de otra manera. Cuando quiere a alguien, quiere. Sin medida. Sin saber muy bien dónde termina él y empieza la otra persona.
Quizá por eso la pandemia le enseñó algo que no esperaba aprender: a leer las miradas.

Con las mascarillas, de repente, una parte enorme de lo que utilizamos para comunicarnos desaparece. No puedes ver una sonrisa, ni unos labios que tiemblan. Ni esa pequeña mueca que aparece antes de decir algo importante.
Solo quedan los ojos, así que Hugo aprende a mirarlos, a descubrir cuándo alguien sonríe aunque no pueda verlo, cuándo quiere decir algo o está escondiendo un secreto. Por eso empieza a fijarse todavía más en ellos. Tiene una capacidad casi obsesiva para recordar su forma y su color. Puede mirar unos ojos y después reproducirlos con una precisión sorprendente en su cuaderno de dibujo. No necesita una fotografía; le basta con haberlos mirado.

Y algunos ojos le provocan el deseo de descubrir los labios. «¿Serán finos, carnosos…? ¿Sonreirán a menudo, mentirán…? ¿Cómo besarán?» Quiere saber cómo son.

Hugo mira el mundo de otra manera

Además de dibujar, le encanta la naturaleza. Le gusta abrazarse a los árboles porque dice que le transmiten energía.
Su estación favorita es el otoño. Los colores de las hojas le parecen los más bonitos del mundo, y disfruta caminando descalzo sobre ellas para escuchar cómo crujen bajo sus pies.
También escucha música clásica. Muy alta. Lo bastante alta como para aislarse de una realidad que, muchas veces, apenas comprende.
Hugo es demasiado joven para estar tan descontento con la vida.
Y, sin embargo, sonríe. Porque cree que merece la pena esperar, que algún día llegará algo bueno. Que la vida, cuando uno sabe esperar, termina haciendo regalos. A veces son pequeños: un dibujo que sale exactamente como lo imaginabas, un bosque en otoño. Unos ojos que no puedes olvidar.
O quizá una persona. Una persona que no estabas buscando.
Y aquí está lo curioso.
Hugo parece fácil de leer: joven, libre, sonriente. Un poco perdido.
Pero quizá sea precisamente porque mira tanto a los demás por lo que te preguntas: ¿cuánto puede llegar a ver alguien que ha aprendido a mirar así?
No te voy a responder todavía.
Solo te diré que Hugo no es quien crees.

⚓🖤

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