¿Por qué he elegido el año 2020 para mi nueva historia? Es fácil.
¿Qué recuerdas de aquel año? Probablemente lo mismo que yo: Restricciones, calles vacías, aislamiento. Soledad no deseada y silencio. Mucho silencio.
Y recordando todo aquello, mi imaginación se puso en marcha. Empezó a preguntarse qué podía ocurrir en una ciudad en la que casi nadie podía salir de casa. Porque, aunque no he querido comprobarlo demasiado (la verdad, prefiero quedarme en la ficción… 😮💨), estoy segura de que hubo personas que aprovecharon aquel silencio. Las calles desiertas, la confusión, el miedo y el deterioro de la salud mental de millones de personas.
Personas que decidieron delinquir. Hacer daño. Cruzar límites. Y entonces pensé: ¿No es un escenario perfecto para una novela?
El escenario
Pero solo eso. El escenario. No he escrito una novela sobre la pandemia. No quería contar lo que ya vivimos. Ni quería recrearme en lo duro que fue ni volver a explicar algo que todos recordamos demasiado bien.
Quería utilizarlo. Porque 2020 fue, entre muchas otras cosas, el principio del fin de muchas cosas.
Y ahí empieza mi historia: Año 2020. Estado de alarma. Confinados.
Bueno… Casi todos.
Porque había personas que tenían que seguir saliendo, como los policías, personal de supermercados. Farmacéuticos.
Trabajadores esenciales. Personas que, mientras la mayoría mirábamos el mundo desde nuestras ventanas, seguían atravesando esas calles vacías.
Imagina la escena. Una ciudad casi desierta. Un trabajador que vuelve a casa. Una calle demasiado silenciosa. Y una sombra que ha tomado una decisión.
Eso es lo que me ofrecía aquel momento. No necesitaba inventar un mundo posapocalíptico. No necesitaba construir una distopía. La realidad ya había creado un escenario extraño, frágil y perfectamente creíble. Solo tenía que colocar allí a mis personajes.
Cuando el mundo se detiene
Después del inicio, la pandemia continúa como telón de fondo. Los días pasan. La vida sigue detenida.
No puedes abrazar a quien quieres. No puedes acercarte. Ni puedes hacer muchas de las cosas que hasta entonces parecían insignificantes.
Y entonces ocurre algo curioso. Cuando te quitan algo tan sencillo como un abrazo, descubres cuánto significaba.
Una mano, una caricia. Tener una conversación sin distancia. La posibilidad de estar cerca. Aquello que antes parecía cotidiano se convierte en algo casi extraordinario. Y mis personajes también viven esa ausencia. Pero ellos la miran desde otro lugar. Porque hay personas que, cuando pierden el suelo bajo los pies, buscan dónde agarrarse. Y otras que se hunden. Ahí llegó una palabra que empezó a rondarme la cabeza mientras escribía esta historia.
Naufragio
No como una catástrofe. No necesariamente como el momento en que todo se hunde. Sino como aquello que ocurre después. Cuando ya estás en el agua y tienes que decidir qué haces para sobrevivir. Porque no todos encuentran un salvavidas. No todos llegan a la orilla. Y, quizá, no todos quieren ser salvados.
Eso es lo que me interesa contar. Lo que ocurre con las personas cuando el mundo que conocían deja de funcionar. Cuando desaparecen las certezas. Cuando la soledad deja de ser una circunstancia y empieza a convertirse en parte de esas certezas.
Y cuando aparece alguien. Alguien que puede convertirse en salvavidas. O quizá en algo mucho más peligroso.
Pero eso… eso tendrá que esperar.
⚓🖤


Deja una respuesta