¿Te atreves a leerla?
Querido lector, querida lectora.
Leer. ¿No te parece, a veces, un acto de fe…?
Quiero decir: al final, leer es lanzarse al vacío entre las páginas de un libro con la esperanza, casi ciega, de que lo vas a disfrutar. Y quizá eso ocurra. Lo disfrutes.
Aunque aquí, disfrutar no significa que no vayas a llorar. Ni que las manos no te tiemblen al pasar una página. Sentir calor, frío. Desear que no termine nunca, o temer llegar al final por si no es lo que esperas.
Leer, a veces, es un privilegio. Y quien abre un libro desea que esté a la altura.
Otras veces es una huida, y entonces el lector solo busca un rincón donde esconderse, aunque entre algo de viento por las hojas.
Mientras escribía Rabia y libertad, no pensé en lo que podrías buscar: fe ciega, refugio, compañía, un rato de lectura sin expectativas, sentir lo que sienten mis personajes…
Pero sí pensé que una cosa es lo que busca el lector y otra muy distinta lo que espera la novela.
Qué lector desea. A qué lectora sueña pertenecer.
Ojalá eso fuera algo tangible. Pero no lo es. No se puede definir.
En un mundo donde hay más y más libros, donde cada persona atraviesa épocas negras, rosas, amarillas… no tiene sentido fingir que sé exactamente qué necesitas.
No puedo mirarte a los ojos y decirte que estabas esperando esta novela. No sé si tiene lo que buscas.
Puedo decirte lo que guarda: amor, deseo, venganza, odio, voces que exigen ser escuchadas. Lluvia. Libertad. Y quienes intentan silenciarla a golpes.
El resto… ya depende de ti.
Serás tú quien decida si abrirla o no. (Yo espero que lo hagas).
Ojalá pudiera prometerte que te gustará. (Solo puedo desearlo).
Y si finalmente decides entrar, que sea porque algo, aunque no sepas qué, te llama desde dentro. Porque quizá Rabia y libertad también te está esperando a ti.
Esta idílica (o tormentosa) unión novela-lectores, el 12-diciembre-2025.
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