El origen de mi vínculo con la literatura
Antes de empezar a escribir, empecé a leer. Bueno, una persona que quiere escribir nunca puede dejar de ser lectora. Leer siempre es el principio.
Fui una lectora voraz, emocional, obsesiva. Ahora intento ser una lectora más consciente. Los libros me salvaron muchas veces, y algunos autores me enseñaron a mirar el mundo con otros ojos.
Recuerdo el primer libro con el que dije: «¡Quiero, necesito escribir!». El fantasma del sol del mediodía (Sid Fleischman) voló ante mis ojos. Tuve que escribir una historia paralela con Oliver. No quería que terminase.
Después, me leí casi todos los libros de aventuras que encontraba, en la biblioteca, en casa. Cayeron en mis manos varios libros de Sandokan. Escribí historias basadas en piratas en el lado bueno de la ley. Por norma general, en aquellas historias, el amor salvaba a los personajes.
Conforme fui creciendo, los piratas dejaron espacio a policías con taras psicológicas y asesinos con los que empatizaba. El amor casi no salvaba a nadie y muchas veces, ni aparecía.
Tengo una lista. No sé cuándo empecé esa lista. Contiene todos los libros que he leído: físicos, de la biblioteca, regalos inesperados y libros digitales.
Recuerdo ser un poco reacia con los libros electrónicos. Un día, olvidé coger un libro y el viaje en tren se estaba haciendo insoportable. Busqué en el móvil una aplicación para leer. Entonces, ni conocía Kindle ni E-Biblio. Casi me pasé de parada.
Así que, hoy en día, puedo leer en tablet, móvil o papel. Todo tiene sus ventajas y siempre tengo libros disponibles.
No estoy segura de tener un género favorito. He pasado por épocas de leer novelas negras sin parar. Mi bibliotecaria me recomendó algo un poco más suave, entre crimen y crimen.
Un verano me dejé aconsejar por ella y me llevé un libro sorpresa. Leí seis «libros sorpresa» ese verano.
Y de todos mis libros preferidos, de mis autores favoritos, hay unos que ni siquiera tengo que recordar. No tengo que bucear por mis diarios de libros leídos. Los tengo muy presentes.
Encuentro con mis influencias
- Dolores Redondo me enseñó que el dolor puede tener belleza si se cuenta con verdad. Sus personajes no se rinden, y eso me hizo querer escribir sobre protagonistas que luchan incluso cuando todo está perdido. El primer libro que leí de ella fue Todo esto te daré. Después llegó su trilogía más famosa, que me regalaron y ocupa un lugar muy visible en mi estantería. Pero nada se compara con esta historia. Leí las últimas páginas sin querer hacerlo. De pie en la entrada del piso, dispuesta a devolver el libro sin terminar. Me atreví a pasar la hoja y me puse a llorar. Esa historia me rompió. Y me enseñó que escribir también puede sanar. Si tú también la has leído, dímelo, y comentamos ese final traumático…
- Pablo Rivero me mostró una narrativa oscura y elegante. He leído muchos libros suyos. Todavía no todos, pero van a caer. Me encanta ese estilo cinematográfico, como si leyeras una película. Y también me gusta mucho cómo maneja cualquier tema, por puntilloso que sea, desde su punto de vista respetuoso.
- César Pérez Gellida me dio el pulso narrativo que necesitaba para sostener la tensión sin perder la emoción. Qué bestia de escritor… Lo primero que leí fue Todo lo mejor y Todo lo peor. Increíble, cruel, frenético. Pues después de estos libros, leí la trilogía de Astillas en la piel...
He leído muchos libros que me han marcado. Y aparte de estos que menciono, siempre habrá un hueco especial en mi nido de lectora. Será un lugar cubierto de seda negra y verde esperanza. Así es su final.
Un lugar para Mungo (Douglas Stuart) es de esas lecturas que marcan un antes y un después en tu vida. Narra ese tipo de historias que no quieres saber, pero que están ahí; son la vida de alguien. Y desde que lo leí, siempre digo: ojalá Mungo esté viviendo una vida muy feliz. Nadie lo merece más.
Cómo estas voces viven en mis escritos
De estos autores heredé la emoción cinematográfica. Los finales oscuros, con pinceladas de esperanza. Los temas difíciles. Los protagonistas con taras, pero luchadores.
Yo he añadido masculinidad vulnerable. También, amores que resisten contra viento y marea. Estos amores están al borde de abismos infinitos. Pero terminan en besos apasionados «de esos que solo salen en los libros».
Cuéntame qué autores (y autoras) habitan en ti
Escribir es escuchar. Y yo escribo con todas esas voces dentro. Si alguna vez te has sentido acompañado por un libro, sabes de lo que hablo.
¿Qué autores te habitan a ti? Cuéntame, quiero leerte.
Si quieres leer mi próxima novela, esa mezcla de emociones, sentimientos y personajes inolvidables, apunta la fecha.
👉🏼 12-12-2025
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