Literatura que arde
Escribir me salvó
Me salvó las tardes de sábado mientras la música antigua, de otra época a la mía, sonaba alta en los auriculares, cuando sentía que dejaba de ser yo si me dejaba llevar a lo que se supone que se hacía entonces a mi edad. Pero la otra cara de la moneda iba vestida de soledad. Los libros llenaban esos vacíos, libros en los que podía ser quien quisiera. Vivir todas esas vidas que la gente que no leía vivía de otra manera. Escribir me salvó de no ser quien quería ser. Sin embargo, las vueltas de la vida guardaron en un cajón mil historias que escribí entonces, mientras seguía leyendo.
Los libros que leí
Cualquier lectura era buena: las novelas de Harlequin de mi madre, los libros de Sandokan, las aventuras de Oliver del libro El fantasma del sol del mediodía o los libros sorpresa que organizaba la biblioteca del pueblo. Con el tiempo, la novela negra ocupó un enorme espacio en mi estantería, pero no podía dejar de leer historias donde el amor era el protagonista. La acción seguía siendo la cura contra la rutina, pero si los personajes ponían el corazón… Yo también me enamoraba. Dolores Redondo, César Pérez Gellida o Pablo Rivero se mezclaban con Edith Wharton, Mamen Sánchez o Isabel Allende.
Escribo porque…
Una de esas tardes, mientras recordaba de nuevo Noches de blanco satén, después de cerrar un libro, abrí el cajón con todas las libretas llenas de historias inacabadas. Y volví a escribir. Porque creo que hay historias que no se han contado. Heridas que, si no se escriben, no sanan, o por el dolor que causa el silencio de las cosas que no queremos ver, pero nos rodean. Porque quiero incomodarte, que algo se remueva dentro de ti, que cierres el libro con nostalgia o con rabia. Con una sonrisa o con un nudo en el pecho.
Aquí leerás temas que arden
No estoy segura, pero creo que mis historias nacen de recuerdos. Siempre hay una herida que no cicatriza. Y no, la herida no es mía. Por eso puedo mirar al dolor de frente, con cierta frialdad, pero buscando la empatía que no tuve. Aquí no hay filtros. Solo palabras que duelen o transforman. Mis historias no piden permiso. Las atraviesa un tono emocional que las lleva al límite.
En ellas encontrarás:
- Amor en tiempos difíciles
- Justicia y venganza
- Crítica social y distopía
- Obsesión y manipulación emocional
Si te toca el corazón, quédate
Escribo historias que se mueven entre luz y oscuridad. De manera apasionada e impulsiva. Con un estilo cinematográfico, cada palabra está pensada para golpearte, para que no salgas ileso. Sin concesiones. No hay máscaras. Solo literatura que arde.
Pero, sobre todo, aquí vas a leer otras maneras de sentir el amor, escritas con todo el corazón que dejo en cada línea. Así que, si alguna de estas líneas te toca, será porque también lo has sentido.
