La pregunta incómoda
«¿Cómo sabes lo que siento cuando beso?».
Me lo han preguntado más de una vez, como si un beso tuviera género. Como si el deseo cambiara de textura y de forma según quién lo da o lo recibe.
¿Por qué una mujer escribe historias de hombres? ¿Por qué de hombres que aman a otros hombres?
El poder de la imaginación
¿Te preguntas cómo? ¿De dónde saca inspiración?
No es magia. Es leer, mirar, escuchar, absorber. Es haber crecido con novelas románticas, telenovelas, príncipes azules y cuerpos que se desean aunque no deban.
Y, sobre todo, entender que la ficción no tiene que pedir permiso a la vida real.
No escribimos relaciones idílicas porque pensemos que existen así, al contrario: Las escribimos porque no existen así. Porque la realidad erosiona, cansa, mancha. Y la ficción es el único lugar donde el amor todavía puede ser absoluto sin pedir perdón.
Romper normas
Es cuestión de sensibilidad, esa ensoñación de imaginarse cómo podría ser el hombre ideal, ese amor idílico.
¿Por qué entre hombres? Porque desarma la idea de masculinidad que nos han vendido. Porque dos hombres amándose rompen más normas que un hombre y una mujer repitiendo el mismo guión. Por salirse de lo retrógrado que dice que una historia entre dos hombres no está bien vista.
Vulnerables
La idea de que no se puede dañar a un hombre… que no conocen la vulnerabilidad… ¿Quién lo dijo? Nadie que haya entrado en este universo de amor dependiente, visceral, apasionado.
Nadie que haya leído cómo a Andy le arrancaban la piel a tiras, cómo a Eduardo lo mataban lentamente. O que haya sido testigo a través de una hoja de la transformación de Héctor o Aitor.
La idea de que los hombres no sienten, no sufren o no son frágiles solo puede sostenerla alguien que nunca ha entrado en estas historias.
Escribir desde otra mirada
¿Por qué escribe una mujer sobre los hombres? Porque los ha visto arrodillarse, pedir perdón, llorar. Amar con el corazón y el alma. Formar murallas con abrazos alrededor de alguien a quien tenían prohibido querer y por quien cruzaron las líneas rojas que dictan lo que es un hombre y lo que no.
Yo escribo así porque puedo mirar lo oscuro sin apartar los ojos.
Porque sé que el dolor no tiene género. Porque la empatía también se aprende.
¿Lees estas historias en secreto? ¿No sabes con quién hablar de ellas? Aquí no tienes que esconderte.

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